domingo, agosto 21, 2011

OS REMEDIOS PROTECTORES TRADICIONAIS NAS SERRAS DO BIERZO (1º PARTE).






OS REMEDIOS PROTECTORES TRADICIONAIS NAS SERRAS ENTRE GALIZA E O BIERZO (1ºPARTE),
Por Xabier Lago Mestre.








CURAR O DESENCANILLADO.
Refírese esta enfermidade á carencia que teñen os neniños cando non acadan un desenvolvemento normal e convértense os afectados en canillos (canijos en castelán). O escritor Manuel Rodríguez y Rodríguez, en “Etnografía y Folclore Bierzo Oeste-Suroeste”, recolle lugares chave onde se curaba esta doencia. Son os casos de Toural dos Vaos, con cruceiro entre o cemiterio e Fonte Fría, na fonte dos Ollos de Vilagroi, e Pardollán, pobo ourensán preto do Bierzo, tamén nas igrexas de Santa Marta de Vilela, a Virxe do Carme de Dragonte, Santo Milagre do Cebreiro, etc.





O dito autor describe o ritual correspondente de curación dos canillos, “al amanecer y antes de que salga el sol, han de situarse los padres del niño en el cruce de caminos señalado al efecto por la tradición. El niño, siempre en brazos de la madre, ha de tener atados pies y manos con cinta o cordón de lana. También la dicha madre ha de portar herramienta cortante, generalmente se usa la tijera, la cual ha de ofrecer al primer caminante que, por casualidad, transite por el lugar para que corte las ligaduras del rapacín después de que la progenitora le diga, con toda solemnidad: “Camiñante que veis de fortuna, desencaníllame esta criatura”.



En Vilamartín de Valdeorras, nos cruceiros recitan ante o forasteiro:
“Home que vas de camiño
Córtalle o aragaño a este neniño”.
Outras versióis dinos:
“Home que vés de fortuna,
Despréndeme esta criatura”.
“Home que vés de fortuna,
quítalle o arangallo a esta criatura”.



Ante as sepulturas tamén se levan os nenos enfermos para implorar a súa curación mediante o conxuro:
“Fulano, fulano,
dáme o aire de vivo,
e toma o aire do morto.
Co de vivo dáme respiro,
e o de morto non ten conforto.
Polo poder de Deus e da Virxe María.
Un Padrenoso e un Avemaría”.





ERGUER A PALETILLA.
A paletilla coincide co esternón. O seu caemento pode ser provocado por un sobreesforzo nas labouras do campo, o que provoca decaemento, depresión, falta de gañas de comer… Para atopar remedio ao caemento da paletilla había que acudir a xente especializada dos pobos e que poñia as súas máns sobre a paletilla, mentres que recitaba: “Paletilla, tente forte como Xesús se tivo na cruz co poder de Deus e da Virxe María”, repetíndoo varias veces.




Otro conxuro recollido dicía:
“Un cura da sancristía sae, e a dicir misa vaise.
Así como estas cousas son verdá,
paletillas e espinelas de Fulano se volvan ao seu lugar.
Co poder de Deus e da Virxe María,
un Padrenoso e un Avemaría”.

PARA ERGUER A ESPIÑELA.
A espiñela coincide coas vértebras lumbares ou espiñazo á altura dos ombros. A enfermidade provoca unha dor intensa nas costas. De novo tomamos a referencia de Manuel Rodríguez y Rodríguez para saber do tratamento curativo correspondente que facían en Vilafranca. “Me tumbaron en el suelo, sobre una manta, boca arriba y los brazos extendidos sobre la cabeza. Me mandaron que juntase las palmas de la mano. Mientras una de las mujeres, eran dos, me sujetaba por los pies bien igualados, la otra me trajo los brazos hacia delante con las manos cogidas enseñándome como las manos estaban ´desniveladas`, es decir: que uso dedos sobresalían más que otros lo cual decía que había ´torcemento` (desviación). Después de asegurarme que tenía la espiñela caída y el espinazo torcido y que aquello podía dar en algo muy malo, me mandaron ir a comprar media vara de lienzo y unas bolas de pez que el zapatero que me indicaron ya sabía la cantidad por el tamaño de las bolas. Cuando regresé con las dichas cosas, me mandaron sentar en el suelo. Una me cogió por los pies juntos e igualados y la otra por las manos también juntas e igualadas. Mientras una giraba los pies para un lado la otra hacía lo contrario con las manos. Me torcieron así unas cuantas vecs hasta que una dijo que las manos ya estaban igualadas. Derritieron la pez en un puchero, la extendieron sobre el lienzo y así, caliente, me envolvieron pecho y espalda con lo cual quedé más tieso que un palo. Así eché nueve días hasta que medio se despegó la tela. Entonces volví a Villafranca en donde me sacaron la vizma. Quedé como nuevo. Todos aquellos dolores que tanto tenía antes me desaparecieron como con mano de santo. Lo que aguanté muy mal fueron los picores que me daba la pez”.

O Bierzo, agosto de 2011.